Quiero aprovechar esta plataforma para exhortar a los estadounidenses a prestar atención a lo que está ocurriendo en Venezuela. Sacar a Nicolás Maduro del poder no fue suficiente. Aunque él y su esposa están detenidos en Nueva York, figuras de la misma estructura gobernante continúan en el poder mientras avanzan los acuerdos petroleros. Los venezolanos merecen saber cuándo estos acuerdos se traducirán en libertad, rendición de cuentas y mejores condiciones de vida.
A mi juicio, el enfoque actual de Estados Unidos corre el riesgo de darle al régimen motivos para creer que está ganando: sus dirigentes pueden conservar su influencia, obtener aceptación internacional y negociar el acceso a las riquezas del país sin concretar primero una verdadera transición democrática. Si quienes controlan el sistema siguen siendo socios comerciales indispensables, ¿qué incentivo tienen para abandonar el poder o rendir cuentas?
Destituir a un líder no desmantela automáticamente las redes de corrupción, represión y presunto narcotráfico vinculadas con su gobierno. Tampoco demuestra que hayan desaparecido el Tren de Aragua o las redes conocidas como el Cartel de los Soles. Debemos evaluar el progreso en función de si estas amenazas están siendo realmente desmanteladas y de si la población vive con mayor seguridad.
El caso de Alejandro Betancourt López plantea serios interrogantes. Diversas investigaciones periodísticas han descrito su creciente participación en acuerdos petroleros venezolanos, así como investigaciones por presunto lavado de dinero y una supuesta intervención estadounidense ante las autoridades suizas en su favor. Se trata de señalamientos e investigaciones, no de pruebas de culpabilidad, pero exigen transparencia y un examen independiente, no protección política.
Diosdado Cabello también ha sido acusado por fiscales estadounidenses de delitos que incluyen conspiración para cometer narcoterrorismo y conspiración para importar cocaína. Esas acusaciones deben resolverse con respeto al debido proceso, pero la conveniencia diplomática jamás debe eliminar la exigencia de rendir cuentas.
Para mí, esta crisis es personal. Tengo familiares en Venezuela a quienes continúo apoyando económicamente todos los meses porque no pueden cubrir sus necesidades básicas. Las familias necesitan alimentos, medicamentos, un suministro eléctrico confiable y agua potable. Los anuncios de inversión significan poco para quienes todavía no pueden costear lo indispensable.
Las extraordinarias riquezas de Venezuela deberían servir para el bienestar de su pueblo. No deberían financiar el enriquecimiento ilícito, la permanencia en el poder ni el acceso privilegiado de personas con conexiones políticas. Todo acuerdo que involucre recursos públicos debería revelar quiénes se benefician, adónde va el dinero y cómo pueden los venezolanos exigir cuentas a quienes toman las decisiones.
Condeno la destrucción causada por el «socialismo del siglo XXI» de Chávez y la represión y la mala gestión que continuaron bajo Maduro. También rechazo la idea de que el futuro de Venezuela deba depender de servir a los intereses de potencias extranjeras, ya sean Cuba, Rusia, China, Irán, Estados Unidos o cualquier otra. La cooperación debe respetar la soberanía venezolana y beneficiar a las familias del país.
Estados Unidos debería insistir en una transición democrática creíble, la protección de los derechos humanos, la administración transparente de los ingresos petroleros y la rendición de cuentas por la corrupción y los abusos. El acercamiento debe producir mejoras medibles para la población. No debe convertirse en una excusa para normalizar indefinidamente a un gobierno que no ha sido elegido democráticamente.
A quienes afirman que los venezolanos ahora están felices y viven mejor que nunca: por favor, escuchen a las familias que siguen luchando por sobrevivir. Su sufrimiento no puede ignorarse porque un anuncio político parezca prometedor o un acuerdo petrolero resulte rentable.
Los estadounidenses deben alzar la voz. Comuníquense con sus representantes electos, exijan supervisión de estos acuerdos, apoyen iniciativas humanitarias confiables y respalden a los venezolanos que buscan la libertad.
Los venezolanos no deben pasar de un sistema de explotación a otro. Las riquezas de nuestro país pertenecen a su pueblo, y debe ser ese pueblo quien decida su futuro.












