Hoy se cumplen ocho años desde aquel 21 de julio de 2017, cuando la legítimaAsamblea Nacional, en acto de profunda dignidad republicana, designó a losmagistrados del Tribunal Supremo de Justicia conforme al mandato constitucional.No fue una ceremonia: fue un acto de resistencia frente a un régimen que yaentonces había revelado su vocación de oprimir, corromper y aniquilar la justicia.

Aquella decisión, nacida del deber y de la conciencia, desató la furia de un poder usurpador. Lo que vino fue el exilio, la persecución, el dolor. Fuimos separados de nuestras familias, obligados a huir de nuestra tierra, criminalizados por cumplir con la ley. Algunos fuimos encarcelados, y permanecen en las mazmorras del régimen, el resto escapamos a la sombra de la diáspora. Pero nuestras convicciones no se han quebrado. Seguimos firmes, con el valor que necesita una nación ensangrentada pero aún de pie, para exigir el sacrificio último de su libertad.
Cuando fuimos entrevistados para ser designados, nos preguntaron si sabíamos el riesgo que corríamos. Respondimos sí. No fuimos ingenuos ni manipulados. Dimos un paso al frente con plena conciencia de que nuestro sacrificio podía encender la mirada del mundo sobre Venezuela. Lo hicimos por justicia, por la República, por el pueblo.
En estos ocho años, muchos han intentado borrar nuestro nombre, silenciar nuestra voz, suplantar la historia. Pero la justicia no se exilia. No se calla. Vive en cada uno de nuestros pronunciamientos, en cada esfuerzo por preservar la legalidad, en cada gesto de dignidad frente al despotismo. Aunque nos arrebataron el hogar, algunos perdimos nuestras familias, nuestro nido, y tuvimos que rehacernos en la soledad más íntima. Pero lo hicimos con el calor de un pueblo que nos reconoce, que nos arropa en el exilio, y que no ha perdido la esperanza.
El régimen ha convertido los tribunales en vitrinas de sumisión. Ha hecho de losjueces empleados del miedo, ha desfigurado el derecho y lo ha puesto al serviciodel castigo. Ha sembrado el país de impunidad, tortura y silencio. Pero la raíz de lajusticia, aunque mutilada, no muere. Aguarda, latente, el momento de florecer otravez.
Hoy, no celebramos: conmemoramos. En esta fecha, reafirmamos que nuestrocompromiso sigue vivo. Que resistimos por ti, Venezuela. Que luchamos por ti. Y quevolveremos por ti.

Volveremos cuando la toga no sea símbolo de servidumbre, sino de honor.Cuando el derecho vuelva a tener voz. Cuando el pueblo recupere la esperanza yla justicia su nombre verdadero. Volveremos, con el país en el pecho y el debercumplido.
Porque seguimos de pie. No por nostalgia, sino por convicción. No por venganza,sino por justicia.
Y sí, volveremos y Venezuela será libre, de justicia y democrática.
Desde los Estados Unidos de América a los veintiún (21) días de julio de 2025.La Junta directiva en nombre y representación de los magistrados legítimos de Venezuela,













